No sé muy bien cómo he llegado hasta aquí porque a veces no lo asimilo del todo. Pero resulta que estoy en la otra punta del mundo haciendo vino.
Parece que tras los duros primeros días me voy haciendo a ello. Porque para alguien como yo, cada vez más maníatico y con una sociopatía galopante, no es nada fácil cambiar de aires, conocer gente nueva, entablar nuevas relaciones. Porque ser el nuevo es dificil, más en otro idioma. Empezar (otra vez) de cero se hace dificil y en esos primeros días uno ansía la seguridad de lo conocido.
A veces camino de la bodega me pregunto qué hago aquí. Que si éste era el plan. ¿El plan para qué? El plan de que no existe plan. Que al final vamos solucinando como podemos las encrucijadas que nos surgen. Porque por muchos planes que hagas siempre surge algo no habías previsto. Porque qué cojones, a veces los nuevos retos los vamos solventando medianamente bien. Y vamos tirando como podemos, nos lleve a donde nos lleve. España, Francia, Nueva Zelanda... ya veremos qué viene después.
Resulta que al final, ese era el plan real.
sábado, 9 de abril de 2011
viernes, 4 de marzo de 2011
El ingrato placer de aconsejar vinos
Recupero algo que escribí hace un tiempo ya. Nota mental: Tao, te dije que ese libro no .Entonces tú estudias eso de los vinos, ¿no?, necesito comprar vino y no sé cuál . ¿Me puedes recomendar alguno?
- ¿ein?
La excusa puede ser cualquier cosa, un vino para llevarle al novio, un regalo para la familia, o con acento granadino, un regalo para el padre:
- ¿Me das tu número? Te voy a ser sincera, sólo te quiero para que me ayudes a comprar un vino a mi padre el día de su cumpleaños.
- ¿ein?
Una recomendación es una responsabilidad a la que no habría que someter a nadie. Al final, lo que somos se reduce a lo que nos gusta. Película, libro, canción o vino. Nuestras preferencias hablan por nosotros. Y una recomendación no correspondida hace que en el fondo, sintamos que no es el vino el que no ha gustado, somos nosotros mismos.
Pero qué demonios. Vale la pena pasar ese mal rato si con la excusa de la recomendación quedamos con la granadina. Tampoco vamos a decir que no.
Cambio climático
And the man next to me said 'Everything is gonna be alright'.Recuerdo un día en que discutíamos en clase de "genética y mejora de la vid" la opción de utilizar Organismos Genéticamente Modificados. Alguien esgrimió el argumento del cambio climático. Si el clima cambia, podemos necesitar variedades mejor adaptadas. El viejo argumento de querer hacer un vino contranatura. Hacemos el vino que la naturaleza nos brinda. Hacemos un vino que es el resultado de un suelo, un clima, un microclima, una planta y el trabajo de las personas. Si el clima cambia, ya veremos qué hacer. Trabajar y trabajar.
I said 'Nothing is gonna be alright, but thank you anyway'.*
Porque en peores situaciones hemos estado. Hemos sido capaces de cultivar más allá de los límites geográficos a priori admisibles. Hemos aterrazado pendientes imposibles.
Hemos convertido desiertos en viñedos. Y cuando la filoxera asoló el viñedo europeo, encontramos la solución y empezamos de cero.
"No te voy a decir que no pasa nada, Tao, porque sí que pasa". Me lo dijo ayer un buen amigo. Pasa, y mucho. Pasa que en peores hemos estado y siempre hemos salido. "Seguro que tienes otros planes, siempre andas metido en algo" me decía hace un rato otra amiga. Pasa que no. Que no tengo alternativas. Pasa que no sé si hacer mías (otra vez) las palabras de Aleksandar Ilié y tomarme la vida con más calma, porque al final, hay muchas maneras de ser feliz y puede ser un error buscar la más complicada:
En el sentido global de cualquier contexto temporal, igual que el rápido, el lento pretende ganar tiempo. Parece que predomina la opinión de que el rápido tiene más éxito en ello, cosa que cuestiono lentamente.O pasa que no sé si abrir una botella de Leoville Las Cases
miércoles, 16 de febrero de 2011
Plebeya cerveza
“La creciente importancia de la moda a la hora de determinar los tipos de bebidas que se consumía a finales del siglo XVII adquire, de este modo, una relevancia especial, puesto que indica que el mercado estaba siendo, hasta cierto punto, manipulado y desarrollado por quienes disponían del capital para invertir en la producción y el comercio de estas nuevas bebidas”El vino y las modas. El snobismo en el vino. Del siglo XVII al XXI. Leo las recomendaciones sobre vino de un blog de tendencias y moda. Al parecer, para ser un entendido en vino hay que saber cuántos puntos Parker recibió el Contador de Benjamín Romeo, el vino blanco no se puede guardar en la nevera sino en una cava para vino y la cerveza es asquerosa, digna del populacho anticuado y poco dado a la moda. ¿Eso es enología? ¿hedonismo? ¿tendencia? Enopatismo talibán.
Conozco también sumilleres veinteañeros que dicen saber más de lo su experiencia en el vino o en la vida anticipa. Clientes de restaurantes que desprecian las recomendaciones, que con todo corazón, les hace el personal del establecimiento con aire de superioridad intelectual. Comensales que rechazan botellas en perfecto estado en un intento patético de demostrarle a la rubia de turno lo entendidos que son. Como si eso les fuese a ayudar a terminar la noche con la espalda arañada.
Culturetas del vino, impostores y prepotentes que te miran por encima del hombro y se apuntan a la moda de lo biodinámico porque es lo último, lo más, y qué leches, si lo hace Romanée Conti tiene que ser lo mejor. Digo yo que si tienen la desgracia de padecer una grave enfermedad correrán al homeópata. O cambiarán de trabajo según lo que esa mañana diga el horóscopo (homeopatía y astrología tienen tanto rigo como los escritos de Steiner).
Si éste es el teatro donde se representa la función del vino en el contexto social actual, yo me salgo de la sala para entrar en la que representan el vino como disfrute de una buena compañía.
viernes, 21 de enero de 2011
Idiomas y pensamientos
"Es difícil llenar un breve libro con pensamientos de árboles"Es dificil catar un vino cuando no se tiene el vocabulario apropiado, las palabras que definan nuestras sensaciones, las frases que expliquen qué estamos sintiendo.
A veces la diferencia entre un catador profesional y uno amateur es que el primero dispone de un amplio y hasta cierto punto preciso vocabulario y el segundo tiene la sensación de que no habla ese idioma. La misma barrera la tenemos cuando catamos en una lengua que no es la nuestra.
Lo dificil de las sensaciones suele ser expresarlas.
Por ejemplo, yo hoy no sabría expresar esta sensación de impotencia y desasosiego que me domina .
Creo que estoy cansado de correr hacia ninguna parte.
lunes, 27 de diciembre de 2010
Beber recuerdos
Cuando una etapa se acaba ya no te acuerdas de los nervios y las dudas que tenías antes de comenzarla. Simplemente sientes pena por lo que has dejado atrás, hasta que los nervios y las dudas del nuevo proyecto se hagan dueños de la situación.
Los nervios de Nueva Zelanda todavía no han vencido a la pena de dejar el Médoc.
Llegué con calor, con el verde de las hojas del viñedo y las uvas a punto de estar maduras y lo dejé bajo la niebla con el viñedo completamente marrón.
Y ya en España uno sigue echando de menos una habitación con vistas a un viñedo, entre cuyo techo y el tejado vivía un buho que me despertaba por las noches. Un perro con nombre de vino que me acompañaba a todos lados. Un bosque que me abrazó y me hizo sentirme como en casa.
Uno a veces vive entre la nostalgia de lo que perdió y la ilusión de lo que está por venir. Pero pocas veces en el presente. El presente ahoga. Puede parecer paradójico para alguien, como yo, que decidió no intentar racionalizar todo lo que le sucede, sino disfrutar de las sensaciones. Pero esas sensaciones son tan efímeras que a uno le gustaría atraparlas, conservarlas, embotellarlas, y tiempo después, poder descorchar una botella y liberar todos los recuerdos y sensaciones de aquella vendimia en el Médoc. O de aquel café y aquella despedida en la estación.
Poder beber recuerdos del pasado y sentirlos de nuevo como si todo hubiese sucedido ayer. Porque eso es, al final, abrir una botella de toda bodega donde hayas elaborado un vino.
Porque eso es, al final, volver a quedar con ella tantos años después.
Los nervios de Nueva Zelanda todavía no han vencido a la pena de dejar el Médoc.
Llegué con calor, con el verde de las hojas del viñedo y las uvas a punto de estar maduras y lo dejé bajo la niebla con el viñedo completamente marrón.
Y ya en España uno sigue echando de menos una habitación con vistas a un viñedo, entre cuyo techo y el tejado vivía un buho que me despertaba por las noches. Un perro con nombre de vino que me acompañaba a todos lados. Un bosque que me abrazó y me hizo sentirme como en casa.
Uno a veces vive entre la nostalgia de lo que perdió y la ilusión de lo que está por venir. Pero pocas veces en el presente. El presente ahoga. Puede parecer paradójico para alguien, como yo, que decidió no intentar racionalizar todo lo que le sucede, sino disfrutar de las sensaciones. Pero esas sensaciones son tan efímeras que a uno le gustaría atraparlas, conservarlas, embotellarlas, y tiempo después, poder descorchar una botella y liberar todos los recuerdos y sensaciones de aquella vendimia en el Médoc. O de aquel café y aquella despedida en la estación.
Poder beber recuerdos del pasado y sentirlos de nuevo como si todo hubiese sucedido ayer. Porque eso es, al final, abrir una botella de toda bodega donde hayas elaborado un vino.
Porque eso es, al final, volver a quedar con ella tantos años después.
viernes, 24 de diciembre de 2010
Dicen soy enólogo
Recuerdo perfectamente el día y el lugar.
No podía ser otro sitio que un restaurante mexicano. Le conté que había encontrado algo que me apasionaba y noté que se alegraba por mi. Me animó. Yo estaba empezando y cualquier aliento era poco. Y el suyo era un ánimo tan grande que podías sentir que no había imposibles.
Quería verle estos días de su vuelta a España y decirle que ya acabé los estudios. Que dicen soy enólogo. Que al parecer no se me da del todo mal. Que tengo mil ideas y mil retos por delante. Me imagino que se sentiría orgulloso de mi y me seguiría animando. Y brindaríamos con un reposado y se oiría un "viva México cabrones".
Pero el cabrón se nos ha ido y no he podido darle las gracias por aquel apoyo.
Muchas gracias Memo. Te debo un abrazo.
No podía ser otro sitio que un restaurante mexicano. Le conté que había encontrado algo que me apasionaba y noté que se alegraba por mi. Me animó. Yo estaba empezando y cualquier aliento era poco. Y el suyo era un ánimo tan grande que podías sentir que no había imposibles.
Quería verle estos días de su vuelta a España y decirle que ya acabé los estudios. Que dicen soy enólogo. Que al parecer no se me da del todo mal. Que tengo mil ideas y mil retos por delante. Me imagino que se sentiría orgulloso de mi y me seguiría animando. Y brindaríamos con un reposado y se oiría un "viva México cabrones".
Pero el cabrón se nos ha ido y no he podido darle las gracias por aquel apoyo.
Muchas gracias Memo. Te debo un abrazo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)