martes, 10 de septiembre de 2013

Apuntes de la isla Norte de Nueva Zelanda (Martinborough)


Martinborough es un pequeño pueblo de unos 5000 habitantes en el sur de la isla norte de Nueva Zelanda. Un pueblo cuyas calles están trazadas como la bandera de la Union Jack y se unen en la plaza del pueblo y donde el Hotel Martinborough es parada obligatoria en busca de cerveza, fish and chips y hamburguesas de venado de un buen número de enólogos extranjeros que van a trabajar varios meses al año atraídos por la calidad de la Pinot Noir que allí se elabora.








Si bien fue William Bettham quien plantó las primeras vides de Pinot Noir en la zona en 1890, no es hasta los años 70 del siglo XX cuando Martinborough vuelve a considerarse una zona óptima para el cultivo de esta variedad. Fueron tres bodegas las que apostaron por ello, las tres pequeñas, artesanales, con un espíritu de cooperación envidiable y con una aspiración de hacer vino de calidad que años después se demostró acertada: fueron Martinborough Vineyards, Ata Rangi y Dry River. Pilares de lo que hoy sigue siendo la industria del vino en Martinborough: bodegas pequeñas, casi artesanales elaborando vino de calidad y con un fuerte sentimiento de cooperación. Para hacer una radiografía completa del interior de la mayor parte de las bodegas de la zona habría que añadir una profesionalización absoluta en todos los ámbitos de la producción y un respeto por la tradición borgoñesa de la Pinot Noir (respeto que no sumisión). No en vano, no hay enólogo que no haya viajado varias veces a Francia a hacer campañas y aprender del viejo mundo.







Se da la casualidad que Derek Milne, el edafólogo que colaboró en la fundación de Martinborough Vineyards estaba casado con la tataranieta de William Bettham. Pasado y presente de la zona unidos por un lazo familiar. Tras 24 añadas en el mercado los principios de la bodega siguen siendo los mismos: suelos vivos, pie franco, fermentación espontánea, no clarificación, no filtración... quizá descoloque a algún europeo despistado que cree que todo el vino del nuevo mundo es tecnológico, pero la vida consiste es que te rompan los esquemas cuanto más a menudo mejor. De las varias etiquetas de Pinot que sacan al mercado, la Te Tera sobresale por su calidad precio, la Reserve Pinot sólo se embotella en las mejores añadas, la Burnt Spur es de un sólo viñedo, de suelos más pesados que el resto y la Marie Zelie es una edición limitada, especial y bastante cara. Como anécdota, en marzo del 2011 durante una cata a ciegas en California, una botella de Martinborough Vineyard Pinot Noir 1998 fue declarada "World's Twenty Best Pinot Noirs", superando entre otros a un Domaine de la Romaneé Conti La Tache 1990. Además de Pinot, elaboran algo de Chardonnay.

La segunda de las bodegas pioneras es Dry River. Fundada en 1979, hoy en día poseen alrededor de 12 hectáreas repartidas entre Pinot Noir, Syrah, Gewürztraminer, Chardonnay, Sauvignon Blanc, Riesling, Pinot Gris y Viognier. No hace falta explicar lo pequeñas de sus elaboraciones (de Pinot Noir no elaboran nunca más de 12.000 botellas y en total suman 35.000 botellas anuales), que junto con su fama hace que sea la bodega con los precios más altos de todo Martinborough. La enóloga Katy Hammond (el número de mujeres al mando de bodegas es también superior al viejo mundo) mantiene la idea de mantener al máximo las características de cada terroir, por lo que la intervención en bodega es mínima. De Pinot Noir tienen tres fincas: Dry River, Craighall y Lovat, de una media de 20 años de edad, con predominio del clon UCD5 (al 80%, el resto son 10/5 y Dijon). Utilizan un 15% de racimo sin despalillar, maceración prefermentativa en frío de entre 5 y 7 días y una crianza de un año en barrica, de las cuales un 25% son nuevas. Pero si uno de sus vinos fue el que me más me sorprendió fue su Riesling de vendimia tardía. Espectacular.



Ata Rangi es la bodega de Martinborough que más reconocimiento ha recibido en el exterior. Fundada en 1980, su primera añada en el mercado se remonta a 1985, de uvas procedentes de Pinot Noir del clon Abel. Hoy en día Ata Rangi utiliza uvas procedentes de 75 viñedos distintos que suman 35 hectáreas, algunos de los cuales tienen 30 años de vida que con los que se elaboran tres vinos distintos de Pinot Noir: el Ata Rangi, el Crimson, de perfil más bajo y precio más accesible, y el McCrone Vineyard, que desde 2007 es su primer vino de un solo viñedo. Tras la fama de sus Pinot suelen quedar olvidados su Craighill Chardonnay y su Ata Rangi Sauvignon Blanc. La producción total asciende a 180.000 botellas.








Palliser Estate se fundó algo más tarde que las bodegas de las que he hablado hasta ahora y es una de las más grandes de Martinborough, produciendo aproximadamente 400.000 botellas de dos etiquetas de Sauvignon Blanc, una de Riesling, una de Chardonnay, tres etiquetas de Pinot Noir y dos etiquetas de Pinot Gris. Su primera añada en el mercado data de 1989 y hoy en día tienen en el mercado su marca principal, Palliser Estate y Pencarrow, que actúa como segunda marca. De otro nivel es el  Pinot Noir seleccionado de entre las mejores barricas, que llevan el nombre de alguno de los perros de los empleados de la bodega: Great Harry, Great Marco , Great Bear o Great Walter. Cultivan 85 hectáreas, todo en ecológico (como más del 90% del viñedo neozelandés), con cubierta vegetal natural. En algunos de los viñedos son las ovejas las que siegan la cubierta a la vez que "abonan" el terreno. Allan Johnson y Pip Goodwin están al cargo de la elaboración y de un magnífico equipo, uno de los puntales de la empresa. Fermentación espontánea para la Pinot Noir en acero inoxidable (menos del 5% de racimo entero) y para la Chardonnay, fermentada en barrica usada. 





Para finalizar y por si alguien le pica la curiosidad: Ata Rangi y Palliser los distribuye en España Meddis, mientras que creo que Vila Viniteca tiene algo de Dry River y también de Ata Rangi.




lunes, 2 de septiembre de 2013

Bebiendo libros o leyendo vinos: Wines of the Southern Hemisphere



Mike Desimone y Jeff Jenssen firman este libro prologado por Michel Rolland donde hacen un recorrido por los países productores más importantes del hemisferio sur, así como de sus bodegas más significativas. 

Mike y Jeff son conocidos como The World Wine Guys, expertos en vino y escritores sobre vino, viajes, comida y destilados. Son una pareja de locos por el vino que se han recorrido medio mundo para escribir este libro. Su visita es una alegría para cualquier bodega: no son los típicos periodistas que realizan sesiones maratonianas de cata y llenan libreta tras libreta con sus anotaciones. Ellos llegan, preguntan, catan, conversan, se interesan por quién está detrás de cada vino y si pueden se quedan a comer para seguir hablando, como hicieron en Palliser Estate, donde yo trabajaba y tuve la ocasión de compartir mesa con ellos.





El libro hace un repaso durante sus 580 páginas de las regiones vitivinícolas más importantes de Australia, Argentina, Brasil, Chile, Sudáfrica, Nueva Zelanda y Uruguay. En cada país hay una pequeña introducción histórica, un repaso a las variedades de uva cultivadas allí y una explicación de las distintas zonas vitivinícolas. Todo ello da paso a una selección de bodegas y vinos. Cada capítulo acaba con una pequeña entrevista a varias de las personas más significativas del mundo del vino de cada país y un par de recetas de cocina de la zona.

Este trabajo es una buena introducción al hemisferio sur y el primero en ser publicado que sea un compendio de estos países. Hay algún pero, como el prólogo de Rolland que no dice gran cosa y parece más haber sido hecho para poder poner el nombre en la portada. La explicación de las zonas vinícolas de cada país es más completo en países como Australia, Argentina o Nueva Zelanda y más superficial en Sudáfrica o Uruguay, pero no hay que dejar de pensar que es un libro que abarca siete países del hemisferio sur con todas sus zonas vinícolas. La presentación de las uvas se hace algo repetitivo por tener que hablar de las mismas uvas en varios países y habrá quien tendrá reproches a la selección de bodegas y vinos. Siempre falta alguna, pasa en todos los libros. Habrá a quien las entrevistas al final de cada país se le hagan repetitivas porque son siempre las mismas preguntas o a quien las recetas de cocina le sobren. A mi personalmente, las entrevistas es una de las partes que más me sorprendieron, sobre todo la pregunta de "corcho o tapón de rosca". Es interesante comprobar las respuestas de productores y críticos que no están encerrados en la jaula de la tradición. 
Un libro que se lee fácilmente y que se guarda para poder ojearlo en el futuro, que sirve de aproximación perfecta a los países productores del hemisferio sur. Totalmente recomendable.