Cuando una etapa se acaba ya no te acuerdas de los nervios y las dudas que tenías antes de comenzarla. Simplemente sientes pena por lo que has dejado atrás, hasta que los nervios y las dudas del nuevo proyecto se hagan dueños de la situación.
Los nervios de Nueva Zelanda todavía no han vencido a la pena de dejar el Médoc.
Llegué con calor, con el verde de las hojas del viñedo y las uvas a punto de estar maduras y lo dejé bajo la niebla con el viñedo completamente marrón.
Y ya en España uno sigue echando de menos una habitación con vistas a un viñedo, entre cuyo techo y el tejado vivía un buho que me despertaba por las noches. Un perro con nombre de vino que me acompañaba a todos lados. Un bosque que me abrazó y me hizo sentirme como en casa.
Uno a veces vive entre la nostalgia de lo que perdió y la ilusión de lo que está por venir. Pero pocas veces en el presente. El presente ahoga. Puede parecer paradójico para alguien, como yo, que decidió no intentar racionalizar todo lo que le sucede, sino disfrutar de las sensaciones. Pero esas sensaciones son tan efímeras que a uno le gustaría atraparlas, conservarlas, embotellarlas, y tiempo después, poder descorchar una botella y liberar todos los recuerdos y sensaciones de aquella vendimia en el Médoc. O de aquel café y aquella despedida en la estación.
Poder beber recuerdos del pasado y sentirlos de nuevo como si todo hubiese sucedido ayer. Porque eso es, al final, abrir una botella de toda bodega donde hayas elaborado un vino.
Porque eso es, al final, volver a quedar con ella tantos años después.
lunes, 27 de diciembre de 2010
viernes, 24 de diciembre de 2010
Dicen soy enólogo
Recuerdo perfectamente el día y el lugar.
No podía ser otro sitio que un restaurante mexicano. Le conté que había encontrado algo que me apasionaba y noté que se alegraba por mi. Me animó. Yo estaba empezando y cualquier aliento era poco. Y el suyo era un ánimo tan grande que podías sentir que no había imposibles.
Quería verle estos días de su vuelta a España y decirle que ya acabé los estudios. Que dicen soy enólogo. Que al parecer no se me da del todo mal. Que tengo mil ideas y mil retos por delante. Me imagino que se sentiría orgulloso de mi y me seguiría animando. Y brindaríamos con un reposado y se oiría un "viva México cabrones".
Pero el cabrón se nos ha ido y no he podido darle las gracias por aquel apoyo.
Muchas gracias Memo. Te debo un abrazo.
No podía ser otro sitio que un restaurante mexicano. Le conté que había encontrado algo que me apasionaba y noté que se alegraba por mi. Me animó. Yo estaba empezando y cualquier aliento era poco. Y el suyo era un ánimo tan grande que podías sentir que no había imposibles.
Quería verle estos días de su vuelta a España y decirle que ya acabé los estudios. Que dicen soy enólogo. Que al parecer no se me da del todo mal. Que tengo mil ideas y mil retos por delante. Me imagino que se sentiría orgulloso de mi y me seguiría animando. Y brindaríamos con un reposado y se oiría un "viva México cabrones".
Pero el cabrón se nos ha ido y no he podido darle las gracias por aquel apoyo.
Muchas gracias Memo. Te debo un abrazo.
martes, 23 de noviembre de 2010
Pseudociencia y la patraña de lo biodinámico
Asistí esta tarde a una magnífica conferencia sobre la imposible convivencia entre ciencia y religión. Uno podría pensar que es un debate zanjado, pero la irracionalidad y la fe siguen siendo fuertes. Diseño inteligente lo llaman ahora. Y mientras el conferenciante hablaba del método científico, de la duda, de la investigación, la demostración, la objetividad, yo recordaba la entrada de la homeopatía en la universidad con cátedra y todo y a una ministra de sanidad con pulsera mágica.
Me acordaba también de las viñas, claro. Y del gran fraude disfrazado de filosofía, pseudociencia y misticismo que es el biodinamismo.
Y no puedo parar de repetir: el biodinamismo es un fraude, lo biodinámico es una patraña, biodynamics is a hoax.
Me acordaba también de las viñas, claro. Y del gran fraude disfrazado de filosofía, pseudociencia y misticismo que es el biodinamismo.
Y no puedo parar de repetir: el biodinamismo es un fraude, lo biodinámico es una patraña, biodynamics is a hoax.
domingo, 21 de noviembre de 2010
Virtuosismo vacío
Desconfio de la perfección. Del virtuosismo. Del blanco nuclear y de las camisas impecablemente planchadas. De las mujeres de portada retocadas hasta el límite.
Ayer tocaron en Madrid Arcade Fire. Las críticas les encumbran, pero yo por mucho que lo intento no consigo conectar con su música. Tanta perfección me aburre. Prefiero los defectos que denotan personalidad a la perfección vacía. Añoro aquellos Suaves de los primeros discos que sonaban a hojalata pero tenían todo el alma del mundo.
Con los vinos me sucede lo mismo. Tras tanta perfección solo encuentro el vacío. Alión y Alonso del Yerro me vienen a la mente. Organolépticamente soberbios, carentes de alma.
Ayer tocaron en Madrid Arcade Fire. Las críticas les encumbran, pero yo por mucho que lo intento no consigo conectar con su música. Tanta perfección me aburre. Prefiero los defectos que denotan personalidad a la perfección vacía. Añoro aquellos Suaves de los primeros discos que sonaban a hojalata pero tenían todo el alma del mundo.
Con los vinos me sucede lo mismo. Tras tanta perfección solo encuentro el vacío. Alión y Alonso del Yerro me vienen a la mente. Organolépticamente soberbios, carentes de alma.
miércoles, 17 de noviembre de 2010
Icebreaker
No sé dónde leí hace poco que había o debería haber un vino llamado icebraker, porque al final el vino es eso, un acompañante para romper el hielo de una conversación. Para que gente que, se conozcan o no, tengan algo en común de lo que empezar a hablar, y tras ese comienzo, la botella pase a un segundo plano y la conversación prosiga. Conversación sobre vino, sobre el país, sobre el amor o sobre la vida. En el mismo sentido se refería Alejandro Dumas cuando decía que lo mejor de un buen vino era abrirlo con unos amigos, servirse, llevarse la copa a la nariz, olerlo y pasarse el resto de la noche hablando. Ni siquiera mencionaba beberlo.
Yo no concibo beber vino a solas, sin una conversación que lo acompañe. El vino como excusa pero siempre en segundo plano.
Siempre que me ha tocado dar un curso de cata he comenzado con un discurso similar a este. Esta mañana también, con mayor razón. Yo dando un cursillo rápido de cata para militares en una base militar. Lo único en común entre ellos y yo era eso: el vino.
La conversación, las bromas y el buen humor prosiguió hasta que nos despedimos después de que me invitasen a comer.
El vino como unión. Si quieres romper el hielo, abre una botella de vino. Abrirás un momento que merecerá la pena ser compartido.
Yo no concibo beber vino a solas, sin una conversación que lo acompañe. El vino como excusa pero siempre en segundo plano.
Siempre que me ha tocado dar un curso de cata he comenzado con un discurso similar a este. Esta mañana también, con mayor razón. Yo dando un cursillo rápido de cata para militares en una base militar. Lo único en común entre ellos y yo era eso: el vino.
La conversación, las bromas y el buen humor prosiguió hasta que nos despedimos después de que me invitasen a comer.
El vino como unión. Si quieres romper el hielo, abre una botella de vino. Abrirás un momento que merecerá la pena ser compartido.
viernes, 5 de noviembre de 2010
Lluvia que empapa
Llueve de nuevo en el Medoc. Llueve tímidamente, como si no quisiera molestar. Llueve sin hacer ruido, pero sin pausa. Lluvia que empapa.
No ese tipo de lluvia que te atrapa sin avisar, que llega en tromba acompañada de mucho aire, que azota las ramas de los árboles, que hace volar las hojas de un lado para otro. Esa lluvia torrencial que se hace dueña de todo durante un rato, pero que al cabo de unos minutos ya no recuerdas. Esa lluvia que agronómicamente es poco efectiva debido a la escorrentía. Como aquellas personas que al entrar en una fiesta quieren convertirse de buenas a primeras en los protagonistas, pero que nadie se acuerda de llamar para la siguiente fiesta.
Pero esta lluvia que cae en el Medoc es distinta. Es una lluvia que días después sigue estando presente en la tierra húmeda. Es como esos amigos a los que un día conoces y poco a poco, sin hacer ruido entran en tu vida y al cabo de un tiempo te das cuenta de que llegaron para quedarse.
No sé si me estoy liando.
En realidad sólo quería felicitar un cumpleaños.
No ese tipo de lluvia que te atrapa sin avisar, que llega en tromba acompañada de mucho aire, que azota las ramas de los árboles, que hace volar las hojas de un lado para otro. Esa lluvia torrencial que se hace dueña de todo durante un rato, pero que al cabo de unos minutos ya no recuerdas. Esa lluvia que agronómicamente es poco efectiva debido a la escorrentía. Como aquellas personas que al entrar en una fiesta quieren convertirse de buenas a primeras en los protagonistas, pero que nadie se acuerda de llamar para la siguiente fiesta.
Pero esta lluvia que cae en el Medoc es distinta. Es una lluvia que días después sigue estando presente en la tierra húmeda. Es como esos amigos a los que un día conoces y poco a poco, sin hacer ruido entran en tu vida y al cabo de un tiempo te das cuenta de que llegaron para quedarse.
No sé si me estoy liando.
En realidad sólo quería felicitar un cumpleaños.
martes, 19 de octubre de 2010
Añadas
I like to think about the life of wine. How it's a living thing. I like to think about what was going on the year the grapes were growing; how the sun was shining; if it rained. I like to think about all the people who tended and picked the grapes. And if it's an old wine, how many of them must be dead by now. I like how wine continues to evolve, like if I opened a bottle of wine today it would taste different than if I'd opened it on any other day, because a bottle of wine is actually alive. And it's constantly evolving and gaining complexity. That is, until it peaks, like your '61. And then it begins its steady, inevitable decline. And it tastes so fucking good.Una botella de vino, al ser abierta, se convierte en la historia de una región, de un clima, de un suelo, de la gente que cultivó ese viñedo, de los que elaboraron ese vino y de las inclemencias del tiempo de ese año. Es un cuento que empieza con el famoso "hace mucho tiempo..." y que acaba en tu copa. Es un relato de la gente que participó en él y de lo que vivieron durante el año de esa añada. El frío del invierno, la poda, la primavera, el desborre, los lloros (sí, sí, las viñas tambien lloran una vez al año, y como para las personas, esos lloros son como un punto de inflexión y todo comienza a rebrotar), las lluvias, la floración... todo lo que ocurrió ese año queda reflejado en el vino final. Puede ocurrir, también, que quienes intervienen en ese vino no sean los mismos de un año para otro. Por eso una añada es diferente de otra. Porque los años, para la vid y para nosotros, no siempre son iguales. Todo cuenta. Todo nos lo cuenta el vino cuando lo catamos, como una persona que hace balance al final del año.
En definitiva hay añadas mejores y añadas peores. Y contaba esto porque hoy es mi cumpleaños y quería agradecer a todos los que participaron de esta añada, que ha sido magnífica. Vosotros sabeis quiénes sois.
Un beso a todos.
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